5.1.10

Juicio y Condena

El amor no tiene vueltas,
infecta el alma y lo desmorona sobre sus propias fantasías,
¿Y quién eres tú?, sino la juez, jurado y verdugo.
La musa caída de las dagas cubiertas en viejas sangrías.
La vigilante fallida de sentencias infructuosas.
¿Quién seré yo? un hombre difamado por crímenes invisibles,
Con el manto del embustero que se me forzó a vestir.
Desertado por el energúmeno que se me pidió confianza.

Puesto a que demoliste el sendero del enamorado,
Que antes había asumido una derrota malinterpretada.
Tragaste la lengua viperina del megalómano,
Lo hiciste tu escudo y nublaste tu lucidez acongojada,
Borraste en un parpadeo los momentos y palabras,
Las emociones y promesas de una nueva bienaventuranza.
Me enviaste al Infierno de los condenados.

Y como inculpado en su procesión final,
Liberé los quejidos de perro herido sobre tus disonantes oídos.
Como una señal, dejé una rosa marchita con una cruz en tu morada
en el día veintiuno del cadáver melancólico malparido.
Día veintiuno, solsticio de ti, la Sombría Reina congelada.
Sin respuesta, sin reacciones ni vitalidad.

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